Mercaderes

urna

Vamos a ver…
¿Qué mierda nos vendéis?
¿Qué mercancía nueva habéis traído?
¿Más de lo mismo?
A no ser que venga un caudillo de pacotilla,
el cabronazo tirano de turno,
nosotros tenemos la última palabra,
la decisión final.
Creo –¿ilusa?–
que esto funciona así.
Debería funcionar así.
Vuestro pescado es hediondo,
vuestra fruta rezuma gusanos,
vuestra carne es azulada.
¡Traed nuevas viandas!
manjares apetitosos.
Y para todos.
Dejad ya de trucad la balanza
a vuestro favor.
Ya no os cabe tanto desdén en los bolsillos,
y esa desvergüenza es el clamor
que se escucha en las esquinas.
Vamos a echar a los mercaderes del templo
que ya va siendo hora.
No hay mucho que perder.
Ya se lo han llevado CASI todo.

Intemperie

Bienvenida a la selva, amiga;
a los pantanos de manglares
y alimañas subterráneas.
A los cielos tormentosos
y a las lluvias torrenciales
sin un triste árbol que te acoja.
Estás desnuda por encima de tu ropa,
expuesta a la intemperie
para ser acariciada por los rayos de sol
o herida por los cristales de nieve…
En las palabras, el precio incluido;
en el precio incluido, las palabras
J. Navas

Reseña

Aquí os dejo una doble reseña: Daniel González habla sobre la reseña hecha por el novelista Luis Martín Sánchez sobre mi novela
DE LA LITERATURA, O COMO ARRANCAR EL TALENTO A CUALQUIER ALTURA DE LA VIDA.
Estupendo análisis de una novela de mi amiga y Escritora, Jula Navas Moreno, que en el cenit de su vida, saca a relucir un talento innato para la narrativa de altos vuelos. En su Novela, Esperando a Darian, como lector he encontrado una estructura impecable, acompañada de una fluidez en el manejo del lenguaje, difícil de alcanzar. Esperando a Darian, es capaz de unir dos mundos y tiempos diferentes, en una historia de amor sin florituras, cargada de imágenes, expresiones y contextos opuestos, pero, a la vez, convergentes en un exacto punto del espacio y el tiempo.
Todo esto no es gratuito, ni de origen divino. Es fruto, en primer lugar, del talento, seguido de un trabajo hecho a conciencia, frase a frase, respaldado por años de lectura y práctica, y prueba y ensayo.
Ya lo decía Borges: para ser un buen escritor, hay que ser mil veces un buen lector. En este caso, la frase queda grabada a fuego.
Enhorabuena, Julia.
Daniel Gonzalez Soria.

http://literaturamasuno.blogspot.com.es/2015/05/esperando-darian-julia-navas-moreno.html

Conocido juego

Todas las dudas ante un juego
fingidamente incierto;
todos los entresijos que se resumen
en actos una y mil veces repetidos,
como patrones de conductas
Y sin embargo, seguimos temblando
expuestos al fraudulento azar,
a la ilusión inventada y patética
de emociones ya vividas.
Todo es previsible, todo consabido…
Pero cerramos los ojos
creyéndonos así invisibles,
con la ingenuidad del niño
que quiere seguir jugando

Madres

Hoy me he despertado con una extraña sensación: como si la cama fuera el útero cálido de mi madre. Y hubiera dado…, no sé lo que hubiera dado por quedarme allí, para siempre: calentita y arrullada; olvidada del mundo y de la rutina impuesta; plegada en posición fetal como si no hubieran transcurrido los años, como si tan sólo tuviera un mes cumplido en la barriga de mi progenitora. Y así, sentirme cuidada, sin más responsabilidad que alimentarme de su sangre y de su voz que, supongo, llegaría a mí como cuando te sumerges en una piscina y oyes las palabras distorsionadas. Pero intentando sacudirme la tristeza, creo que me he puesto peor, enferma de tanta añoranza.
Añoranza de esa mujer a la que quiero tanto y que tengo la dicha de que siga a mi lado, esperando que, ilusa de mí, sea eternamente… Ella sabe mejor que nadie cuando estoy contenta de verdad o cuando algo pesa sobre mí como una losa, por más que yo me empeñe en disimularlo. Y yo, ¿qué sé yo de ella? ¿Cómo se siente cuando ve que su niña ha crecido y que este mundo le sigue quedando grande? Seguro que sus arrugas son más profundas cuando, sin decirme nada, mira de soslayo las mías. Siempre me he conformado con verla en su papel de madre, pero últimamente, cuando la vida y los resentimientos se empeñan en trastocarlo todo, me hago preguntas que hasta a mí misma me resultan incómodas. No quiero ni imaginar lo que sentiría ella bajo un interrogatorio de este cariz: ¿alguna vez has amado hasta la locura? ¿Cómo alguien tan alegre y generosa puede vivir tanto tiempo en el silencio de la resignación? ¿Has deseado alguna vez  tanto que sentías que el estómago desaparecería hundido bajo tu pelvis? ¿Sigue vivo tu capacidad de deseo o se ha quedado rezagado y proscrito, lo mismo que tus ilusiones? ¿Cómo soportaste tu orfandad? Y yo… ,¿podría soportar la mía?.
Me echo a llorar y me obligo a parar en esta especie de autoflagelación que son mis pensamientos. Me doy cuenta que no puedo dejarla marchar sin saber, sin conocerla realmente. ¡Es mi madre! También debería contarle mis verdaderas penas y miedos, para que, si soy yo la que se va antes, no se quedé desolada con las dudas, porque, somos tan parecidas que creo que ella ha de hacerse las mismas preguntas, aunque el pudor le haga impensable abordar algunos temas.
Ya es hora de presentarnos, de quitarnos las caretas, las máscaras de lo conveniente y lo adecuado. Ya es hora de volver al abrazo prolongado, al calor de sus pechos acogedores. Nada de besos de mejilla: mua, mua… así, casi sin tocarse, con un breve roce, como si fuera una entre tantas. Pero es mi madre.
Me voy recuperando. Respiro hondo y miro el despertador: es la hora de levantarme y preparar el desayuno a mi hija para que vaya al instituto. La rutina. Los mismos movimientos, el mismo ruido de la cuchara agitando mi café y su Cola-cao. Ha crecido mucho y se está haciendo una mujer. Es una frase hecha y estúpida. Es sólo una adolescente y para mí siempre será mi niña.
Me da un beso de despedida, como siempre, pero esta vez la retengo unos segundos más y le estampo otro beso en la mejilla. Y le suelto con timidez:
—Quiero que me cuentes tus cosas, cómo te sientes, quiero conocerte de verdad.
Me mira con extrañeza, frunciendo el ceño y luego se ríe.
—Pero mamá… ¿Qué te pasa hoy? Qué cosas más raras dices…
J. Navas

Patios de sombras

Patios de luces silenciosos.
Belleza de lo feo
en blanco y negro.
Blanco de sábanas tendidas,
de ropa interior reveladora,
de gente que asoma anónima
sin el clamor de vecinas cotillas
y dicharacheras.
A duras penas llega la luz
y el moho trepa por las paredes
de este espacio sin recreo.
Baldíos,acogedores
de lo que manos torpes
dejan escapar
Patios de luces, se llaman.
Patios de sombras,
los llamo yo.
J Navas