La no-verdad

Hay que tapar con la
mano
el sol que te hiere.
Rellenar la grieta con
mentiras
y emplastecer con miradas de
inocencia.
Salir de ese yo que sólo
conoces.
Dejarle actuar en la sombra
y alimentarlo con tus
vergüenzas
para que nunca,
nunca,
atraviese la línea
prohibida,
te empuje hacia un lado,
y usurpe lo mejor
de ti mismo.
En el constante equilibrio
está la absoluta
no-verdad.

Despertar

En la redondez de los cuerpos
se aloja la geometría de los sentimientos.
Aristas que separan intenciones.
Ángulos que acogen extremidades:
manos, ardor y reproches.
Laten los relojes como espasmos
y avanzan lentamente hasta el precipicio
de la mesilla de noche
con un movimiento imperceptible.
Cuando caigan al vacío de apenas un metro,
despertarán a los amantes;
agitados, arrancados de la placidez del sueño.
Es hermoso comprobar que aún no es la hora;
que nos queda tiempo para seguir abrazados
y que, antes de que la máquina infernal avise,
desvelados, saludemos al amanecer
envueltos entre sábanas y perlas de sudor.