Ciudad

Ciudad

Frente a un paisaje ya conocido,
nuevas emociones,
pasos, miradas.
Todo pertenece a esta ciudad,
tanto lo acaecido
como lo que renueva
su  pálpito;
de las piedras que conforman
nuestro suelo,
cobijo,
muros,
paredes.
Piedra erosionada,
herida por agentes externos
como los que nos hieren
a ti y a mí.
¿No son ,acaso, agentes externos
la lluvia que aborta un paseo
obligándonos a refugiarnos
en un estrecho portal?
Imposible zafarse de un beso.
Ese esperado beso que se precipitó
como la lluvia.
Esa pared de granito
que soportó el embiste
de nuestros cuerpos.
Esa ciudad que apenas ha cambiado
en los barrios del casco viejo.
Ese cielo y ese aire
cargado de polución,
pero cielo al fin y al cabo.

Foto de Paco Alonso Corral

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Sublime

Lo sublime es efímero,
épico hasta lo ridículo.
Imposible de mantener
más allá de los suspiros,
del uso que desgasta
inexorablemente;
socavando, ajando…
erosionando la piedra.

En lo cotidiano subyace
la verdadera batalla:
lo real y tangible.
Lo heroico.

Balanceo

Todo avanza en el desequilibrio,
en el movimiento que descompensa
y agita partículas y sentimientos.

Quién pone más en la balanza.
Quién se eleva apático e indolente.
Quién pierde, quién gana…

Ahora subo y toco el cielo.
Ahora bajo y el roce del asfalto
quema y me impulsa de nuevo.

Y tú vuelves a descender
sometido a mi mirada altiva,
al reto de ser de nuevo alzada.

Es agotador buscar la línea recta,
situar los ojos a la misma altura.
Pero ese balanceo, quizá
sea la única razón
que nos mantiene, aún,vivos.