La visita, de Julia Navas

Uno de los primeros relatos tras mi vuelta a la escritura. Rescatado, casi perdido. Imperfecto, vacilante, pero los primeros pasos, siempre lo son.

 

 

Y Latina

Protégete del hombre blanco. Dicen que el olor de nuestra piel es fuerte y penetrante; que olemos a bestia, a bosque húmedo, a pecado… Ellos huelen a inmundicia y a orines; sus barbas grasientas tapan esos rostros febriles y hambrientos de deseo por nuestras hembras. Un blanco desnudo es una de las peores visiones que han sufrido mis ojos: cueros macilentos y peludos de distintas y ridículas palideces. No sabría qué decir del cuerpo de una mujer blanca. La primera vez que se me mostró, sufrí uno de los ataques de pánico más intensos que haya tenido nunca; mayor, incluso, que cuando al pobre Malela le fue cortada la mano de un hachazo por el amo, sólo por haber robado unos mendrugos de pan destinados a dar de comer a las bestias. Si un negro osaba mirar a una blanca, nadie lo libraría de recibir unos buenos latigazos. Y…

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